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Ilustración de una mujer dejando atrás la culpa, la restricción, la compensación, el hambre y el control para avanzar hacia salud, bienestar, placer, equilibrio y flexibilidad.

Septiembre y sus buenos propósitos: cómo volver a la rutina sin dietas restrictivas

Llega septiembre y la historia se repite.

Para muchas personas, esta época del año tiene una carga de buenos propósitos incluso mayor que el 1 de enero. Es un comienzo de curso en muchos sentidos y también en lo que tiene que ver con cuidarnos, mejorar la alimentación e integrar el deporte.

Volvemos de unos días o semanas fuera de la rutina pensando en subir a la báscula y ver qué ha pasado. Salta la alarma: “Madre mía. Tengo que volver a cuidarme ya”, “Se acabó. Toca ponerse las pilas para quitarme los kilos que he cogido”, “Sea como sea tengo que recuperar mi peso”.

Ilustración de una mujer sentada frente a una báscula pensando en cuánto ha engordado durante las vacaciones.

Y así, año tras año, caemos en el mismo bucle.

Se enfocan las vacaciones como un paréntesis en el que todo vale, para luego vivir la vuelta con culpa, prisas y una lista de restricciones. Pero ¿y si este año cambias el chip?

En lugar de buscar la dieta milagro para perder peso rápido después del verano, te invito a reflexionar sobre cómo construir un estilo de vida que no necesites “pausar” cada vez que te vas de vacaciones, que pasas unos días en familia en el pueblo o que te vas un puente de casa rural con los amigos.

El mito del “borrón y cuenta nueva”: por qué la culpa no funciona

El problema de enfocar la vuelta de vacaciones desde la prisa por perder peso es que nos coloca en una mentalidad de todo o nada:

  • En vacaciones: “Estoy de vacaciones y quiero disfrutar. Total, si me voy a pasar, qué más da”.
  • A la vuelta: “Me he portado mal. Ahora toca compensar, pasar hambre y volver a ir al gimnasio todos los días”.

Esta dinámica genera ansiedad, empeora tu relación con la comida y, lo peor de todo, es insostenible.

No necesitas “desintoxicar” tu cuerpo, de eso ya se encargan tu hígado y tus riñones. Tampoco buscar el milagro que te ayude a quitarte esos kilos de más lo antes posible. Necesitas recuperar la calma y organizarte.

¿Es posible disfrutar de las vacaciones sin descuidar tu salud?

Absolutamente sí.

El objetivo no es llevarte el táper de pollo y brócoli a la playa, sino apostar por recibir una educación nutricional que te enseñe a construir unos hábitos que te acompañen allá donde vayas.

Ese aprendizaje adquirido te permitirá poder disfrutar de un abanico muy amplio y variado de alimentos, platos y preparaciones sin renunciar a cuidarte.

Porque cuidarse no es una condena de la que hay que descansar dos semanas al año. Cuando la alimentación saludable está integrada en tu vida de forma flexible, las vacaciones dejan de ser un problema para tu peso y tu salud:

  • Disfrutas de la gastronomía local sin culpa: comer un helado, disfrutar de un “pescaíto frito” o una paella frente al mar forma parte de la vida social y del bienestar emocional.
  • Mantienes la escucha corporal: paras de comer cuando estás satisfecho, no porque una dieta te lo prohíba, sino porque aprendes a escuchar a tu cuerpo.
  • Te mantienes activo desde el disfrute: caminar por la ciudad que visitas, nadar en el mar o hacer senderismo no se siente como “ejercicio obligatorio”, sino como parte del viaje.

En el momento que esto sucede dejas de ver ocasiones como las vacaciones de verano como “la oportunidad para aprovechar y comer”. Como les explico a mis pacientes en la consulta, “cuídate y disfruta sin pensar desde la prohibición. Valora si realmente te apetece comerlo”.

De esa forma tomarás decisiones más reflexivas y conscientes.

Claves para volver a la rutina sin dietas restrictivas

Ilustración de una mujer dejando atrás la culpa, la restricción, la compensación, el hambre y el control para avanzar hacia salud, bienestar, placer, equilibrio y flexibilidad.

Si sientes que necesitas poner orden, olvídate de buscar soluciones drásticas. Te aconsejo que sigas estos pasos para cambiar de hábitos desde la tranquilidad y cuidando de tu salud. Ah, y con paciencia porque hacer las cosas bien requiere su tiempo:

1. Prioriza el descanso y la gestión del estrés

La vuelta a la rutina a veces es un poco estresante.

Regular tus horarios de sueño y cuidar el descanso es el primer paso para equilibrar las hormonas que controlan el apetito, la ghrelina y la leptina.

2. Compra y organización de tus comidas

No necesitas eliminar grupos de alimentos de tu dieta. Si te planteas dejar de comer fruta “porque tiene mucho azúcar”, eliminar temporalmente el pan, la patata, el arroz o la legumbre de tu dieta o cenar solo fruta te equivocas.

Enfócate en lo que debes añadir, no en lo que debes quitar.

Llena tu cesta de la compra con:

  • Frutas frescas y verduras de temporada.
  • Legumbres: añádelas a tus ensaladas, salteadas con verduras o prepara humus casero. También puedes consumir derivados de la legumbre como el tofu, el tempeh o la soja texturizada.
  • Cereales integrales, como pan, pasta, arroz o quinoa. Las versiones integrales aumentan la sensación de saciedad, aportan más nutrientes y su consumo es beneficioso para la salud.
  • Proteínas de calidad: pescados, huevos, carnes magras como pollo, pavo o conejo, y mariscos.
  • Lácteos fermentados sin azúcar añadido: yogur, kéfir o skyr. Un gran aliado para tu salud digestiva.
  • Frutos secos y semillas.

Planifica un menú semanal sencillo. Te ayudará a retomar el orden en tu alimentación y evitar el consumo de ultraprocesados por falta de tiempo.

3. Busca la motivación en la salud y no en la báscula

Recuperar las ganas y el interés por cuidarte no viene de machacarte mentalmente, sino de recordar cómo te sientes cuando te cuidas: con más energía, de mejor humor, con más claridad mental, haces mejor la digestión y la calidad de tus rendimientos aumenta.

La capacidad para poder mantener tu peso corporal dependerá de haber adquirido unos hábitos que te permitan cuidarte con constancia y serenidad.

4. Asume que la constancia le gana a la perfección

Las excepciones también pueden forman parte de tu alimentación y no tienen por qué arruinar tu salud. Aprender a encajarlas dentro de tu vida es la verdadera clave del éxito a largo plazo.

No olvidemos que no solo nos alimentamos para estar vivos y sanos. También comemos por placer, para compartir momentos con los nuestros, para celebrar o conocer otras culturas y costumbres.

Un cambio de mentalidad para todo el año

La próxima vez que te enfrentes a un periodo vacacional, recuerda que el mejor plan de salud es aquel que no requiere que empieces de cero cada septiembre.

Si sientes que te cuesta romper este ciclo, que la vuelta a la rutina te abruma o que no sabes cómo estructurar una alimentación a tu medida sin pasar hambre, la ayuda de un dietista-nutricionista puede ser el punto de inflexión.

Apostar por un acompañamiento personalizado te permitirá crear un patrón alimentario flexible, adaptado a tu ritmo de vida y sostenible los 12 meses del año.